Cómo vivir la soledad, frente a vivir en soledad. María Jesús Álava Reyes para «Muy Segura».

Una píldora más con la que continuamos nuestra sección mensual en compañía de Mª Jesús Álava Reyes con el objetivo de aportar algunas claves en materia de salud y bienestar emocional.

Si nos preguntaran si nos gusta sentirnos solos, la respuesta mayoritaria sería negativa. Es muy difícil que a alguien le guste ese sentimiento de vacío que se experimenta en la soledad.

La soledad se lleva muy bien cuando es una soledad buscada, o cuando se trata de una persona que se siente muy bien consigo mismo y busca de vez en cuando momentos de soledad para seguir pensando, reflexionando y poner en orden su vida.

“La soledad se puede percibir de dos maneras muy distintas: uno puede estar solo o puede sentirse solo”.

Muchas personas conviven con la sensación de sentirse solas aunque estén rodeadas de gente. Este se ha convertido en uno de los grandes males de la vida en las grandes ciudades y en las civilizaciones más desarrolladas. A pesar de encontrarnos en la era de la comunicación, el ser humano se encuentra cada día más aislado, más solo.

¿Cuándo somos conscientes de que nos sentimos solos?

En general, somos conscientes de esta realidad en los momentos más críticos de nuestra vida, cuando lo estamos pasando muy mal. Entonces nos damos cuenta de que no tenemos a nadie a quien llamar para desahogarnos, para sentirnos escuchados, encontrar apoyo… También puede pasarnos cuando queremos compartir alguna noticia positiva que nos ha ocurrido.

¿La soledad afecta más a las personas sensibles?

Quienes tienen esta sensación vital de soledad suelen ser personas sensibles, que se detienen en sus sentimientos y reflexionan sobre ellos.

“Las consultas de los psicólogos las tenemos llenas de personas que no se sienten queridas ni escuchadas, que creen que nadie las entiende, que piensan que si ellos no existieran, a nadie le importaría o que habría personas que estarían mejor”.

Hay personas que, a pesar de su familia, sus hijos y sus amigos, se sienten terriblemente solas, aunque jamás lo manifiesten.

¿Viven igual la soledad los hombres y las mujeres?

“Las mujeres tienen más facilidad para expresar esta sensación de soledad. Son más comunicativas que los hombres y comparten sus preocupaciones con sus amigas, con una vecina, una compañera de trabajo… lo cual puede mitigar, en cierta medida, esa soledad”.

Los hombres, en cambio, se relacionan sobre todo en su círculo laboral y suelen hablar de otros temas antes que de sus sentimientos.

¿Cuándo resulta peligroso sentirnos solos?

En general, la mayoría de las personas estamos deseosas de que alguien nos preste atención, de sentirnos queridas. Y hay que tener cuidado, pues no podemos permitir que de ello dependa nuestra felicidad. Por eso, nos iría muy bien si aprendiéramos a querernos más para no sentirnos tan solos/as.

Cuando tenemos MIEDO de estar solos/as es una emoción que puede resultar peligrosa.

El miedo que produce la soledad a muchas personas, puede llevarlas a tomar decisiones poco acertadas, como emparejarse con cualquiera, aunque diste mucho de su ideal, y al que con frecuencia luego se intenta cambiar.

 Claves para afrontar la soledad

  • Tenemos que trabajar con decisión para llegar a controlar las emociones que nos provocan un sentimiento de infelicidad ante la soledad. Con ese control podremos superar miedos o angustias.
  • La clave para no sentirse solo/a es quererse más: de esta forma no dejaríamos nuestra felicidad en manos de los demás. ¿Cuántas veces nos decimos a lo largo del día que nos queremos?, ¿nos decimos que nos gusta de nosotros/as?
  • No hay que tener miedo a la pérdida y al dolor. Ambos sentimientos forman parte de la vida y, casi con toda seguridad, los sentiremos a lo largo de nuestras vidas.
  • Es importante desarrollar habilidades para comunicarse mejor y decir de forma positiva y eficaz lo que pensamos.

La comunicación es la clave para  resolver cualquier problema.

  • No hay que tener miedo al rechazo por el hecho de tomar decisiones que los demás no consideren adecuadas o políticamente correctas.
  • Es siempre mejor estar solo/a y ser consciente de ello, que buscar desesperadamente una compañía, a costa de cualquier precio.
  • Pensar que siempre vas a estar solo/a y que nunca vas a encontrar a alguien que te acompañe y te haga feliz es dar una orden al cerebro para que así sea.
  • Tenemos que aprender a disfrutar de las pequeñas cosas que nos hacen sentirnos bien, pues ellas nos ayudarán a recuperar la ilusión y la esperanza cuando nos sintamos solos/as.

La soledad es un proceso inevitable, constante y necesario.

Inevitable, porque soledad y vida son dos términos indisociables. Aunque quisiéramos no experimentarla, nos acompaña en cada momento de nuestra experiencia vital. Por eso nos parece que está al acecho en los momentos más inesperados, cuando simplemente está ahí, como una compañera fiel.

Constante, porque no existe un solo momento de nuestra vida en que la soledad, aunque estemos en compañía de una, algunas o muchas otras personas, deje de formar parte de lo más íntimo de nuestro ser.

Necesaria, porque perderle el miedo, ser capaces de mirarla de frente, y aprender a disfrutarla y manejarla, es una lección imprescindible para tomar las riendas de la propia vida.

“Si analizamos los dos momentos vitales más extremos, el del nacimiento y el de la muerte, constatamos que se trata de dos experiencias que se viven en soledad, aunque te encuentres rodeado/a de gente”.

Cuando se nace, aunque no seamos capaces de recordarlo de manera consciente, la primera respiración, el primer llanto es algo que, de los presentes, sólo realiza el bebé. La experiencia de la muerte, aunque suceda a dos millones de personas en el mismo momento y por la misma causa, es algo que se vive de manera individual, independiente, de manera única y en soledad. No se puede pasar a otro la tarea de morirse por uno mismo.

Vivir “la” soledad, frente a vivir “en” soledad

Hasta ahora, estamos refiriéndonos en todo momento a vivir la soledad, que no a vivir en soledad. Ésta puede ser impuesta o elegida, agradable o desagradable. En cualquier caso, la primera no implica necesariamente la segunda.

“Aprender a vivir la soledad, que llamaremos intrínseca, nos puede facilitar evitar la otra soledad tan temida que supone la falta de apoyo, de amigos, y el aislamiento social. Se puede vivir muy bien solo/a, pero en equipo resulta más fácil”.

La soledad intrínseca nos permite:

  • Ser los dueños/as de nuestras decisiones
  • Asumir nuestros errores sin buscar culpables
  • No asumir culpabilidades que no nos correspondan
  • Diseñar nuestra propia vida
  • Ser libres e independientes
  • Saber ser, y saber hacer, felices

Practicando la soledad intrínseca podremos evitar.

  • El aislamiento, pues identificaremos cuándo necesitamos de los demás y sabremos buscarlos.
  • La escasez de amigos, pues superaremos la dificultad de establecer los contactos que necesitemos.
  • La falta de profundidad en las relaciones, pues identificaremos más fácilmente con quién y hasta dónde compartir nuestras vivencias sin sentirnos amenazados/as, en la confianza que precisa la intimidad.
  • Las dependencias emocionales, propias y ajenas, pues entenderemos que nuestra felicidad, o nuestro entretenimiento, no debemos dejarla en manos ajenas.

Termino con dos reflexiones que hice sobre la soledad, en mi libro: “Saca partido a tu vida”:

La soledad es muy dolorosa cuando añoras una vida en compañía, pero hay una soledad fantástica cuando disfrutas de tu maravillosa compañía”.

“La soledad no tiene edad, ni género ni grupo social, pero la soledad más dolorosa la sentimos cuando no soportamos nuestra compañía”

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